
Copas
En esta obra, la forma del arco envuelve la escena como un recuerdo que se protege a sí mismo. Los frutos y las copas emergen entre planos suaves y superpuestos, casi como objetos que flotan en la memoria. La paleta de tonos tierra y verdes apagados transmite calma, silencio y paso del tiempo. Cada elemento parece haber sido colocado con cuidado, no para ser observado con prisa, sino para ser recordado. La geometría no encierra la escena: la sostiene, permitiendo que lo cotidiano se transforme en memoria visual.
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